El debut de Kyler Murray como quarterback de los Minnesota Vikings duró apenas un cuarto. En la primera semana de la temporada de la NFL, el mariscal de campo sufrió una lesión que preocupó a todos en el U.S. Bank Stadium tras recibir un fuerte golpe en la cabeza durante el partido ante los Green Bay Packers.
La jugada se produjo cuando Murray escapó del bolsillo de protección y consiguió un acarreo corto. En ese momento, fue atrapado en un sándwich por dos defensores de Green Bay, Javon Bullard y Lukas Van Ness. El impacto le hizo perder el casco y el quarterback quedó tendido en el campo en una posición que generó alarma inmediata.
Preocupación y retiro del campo
Murray tuvo dificultades para incorporarse y necesitó la asistencia de los entrenadores para retirarse del campo de juego. Fue evaluado en la carpa médica y posteriormente se dirigió al vestuario de los Vikings. Poco después, el equipo confirmó que quedaba descartado para el resto del encuentro.
Bullard fue sancionado por rudeza innecesaria en la acción. La salud de Murray se convirtió en la principal preocupación, más allá de lo deportivo, en una jornada que ya había empezado torcida para el ex Arizona Cardinals: su primer pase como Viking había sido interceptado.
Wentz tomó el mando
Con Murray fuera de combate, la responsabilidad ofensiva recayó en Carsen Wentz, el experimentado suplente que ingresó para intentar recomponer el plan de juego de Minnesota en el primer partido de la temporada.




